ADÉNTRESE EN LOS SECRETOS DE LAS CALDAS
RELÁJESE Y DISFRUTE

El Balneario abrió sus puertas por primera vez en 1776, el mismo año que se declaraba la independencia de los Estados Unidos, siendo George Washington su primer presidente. En la misma fecha, misioneros franciscanos españoles fundaron en California la misión que dio origen a la ciudad de San Francisco. Manuel Reguera, discípulo de Ventura Rodríguez y primer arquitecto asturiano con titulación oficial expedida en la Academia madrileña, fue el encargado de dirigir las obras del Balneario.

Ventura Rodríguez, arquitecto del proyecto del Balneario de Las Caldas, también lo fue del inicio de las obras inacabadas de Covadonga, el Hospicio de Oviedo, el Palacio de Liria de Madrid o el Paseo del Prado, con sus fuentes de Cibeles, Neptuno y Apolo.

La obra de la Casa de Baños, donde hoy se encuentra ubicado el Centro Termal “El Manantial”, ascendió a 247.317 reales. A estos se sumaron 3000 más en concepto de salarios adeudados a Manuel Reguera.

La primera mención documental sobre la existencia del manantial se remonta al siglo XVII, cuando el cronista de la época, Luis Alfonso de Carvallo, relata: “Ay también a una legua de la ciudad de Oviedo, junto al Castillos de Priorio, unos baños naturales que llaman Las Caldas, de gran eficacia…”

Durante el siglo XIX el Balneario crece. Se construyen en Gran Hotel, el Salón de los Espejos, la pasarela de hierro y el Casino, bajo la dirección de Aguirre y La Guardia, arquitectos municipales que firmaron otras importantes obras en Oviedo como el Teatro Campoamor o Villa Magdalena.

Tras la Desamortización, el Balneario pasa de titularidad pública a privada. En 1859 lo compra el empresario y político liberal José González Alegre.

En su época de esplendor, los leoneses, vallisoletanos, palentinos y madrileños eran los principales clientes del Hotel-Balneario; éstos últimos llegaban a Las Caldas tras un viaje de 19 horas.

Las crónicas sociales de los periódicos locales, como El Carbayón, se hacían eco de las visitas ilustres al Balneario, destacando la presencia de Sagasta, presidente del Gobierno, en 1892.

En 1901 el ferrocarril llegó a la comarca. Sin embargo, muchos bañistas para llegar a Las Caldas tenían que cruzar el río Nalón. Hubo que esperar hasta los años 40 para la construcción del esperado puente.

La llegada del Ferrocarril a Las Caldas junto con el avance de los sistemas médico-terapéuticos trajo consigo numerosos visitantes de la clase burguesa acomodada superando los 3000 usuarios anuales.

El Gran Hotel contaba con servicio propio de transporte desde Oviedo a través de un coche de caballos que tardaba una hora en recorrer los 8 kilómetros que los separaba.

Las clases menos acomodadas también disfrutaban del Balneario. Para ellos, se fueron abriendo fondas, casas de comida y pensiones que daban cobijo a los que podían costearse los baños pero no la estancia en el Gran Hotel. Cabe recordar “La Vizcaína”.

Durante la Guerra Civil, Las Caldas se convierte en Hospital de Sangre y cuartel debido a su proximidad al frente de Oviedo.

La Regenta de Gonzalo Suárez, Los Jinetes del Alba de Vicente Aranda o Historia de un Beso de José Luis Garci tienen escenarios en Las Caldas y su balneario.

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